Double Dragon II: The Revenge para
NES es, sin lugar a dudas, uno de los juegos que más tardes me robó durante mi infancia. Si ya hablé la semana pasada aquí mismo en el blog de
Teenage Mutant Ninja Turtles II: The Arcade Game como uno de los mejores multijugadores de la
NES, este título no se queda atrás. En mi entorno, era el juego al que todos querían jugar, y no era para menos: un
beat 'em up cooperativo con acción frenética, una historia de venganza y una jugabilidad que, aunque tenía sus peculiaridades, ofrecía horas de diversión. Eso sí, como suele ser habitual en estas historias, yo no tenía el cartucho. Pero, como siempre, me las arreglaba para jugarlo gracias a préstamos estratégicos (o quizás abusivos) de amigos o en sus propias casas, pues este juego era uno de los que más gente tenía (si no contamos los juegos de la franquicia de
Super Mario Bros.).
Lanzado en 1989 en Japón y al año siguiente en el resto del mundo, Double Dragon II: The Revenge es una adaptación del arcade del mismo nombre, pero no te equivoques: esta versión no es un simple port. Los desarrolladores tomaron el concepto original y lo transformaron en algo único para la NES. La trama arranca con un golpe directo al corazón del jugador: Marian, la novia de Billy (y posiblemente también de Jimmy, dependiendo del canon que prefieras), es asesinada por la banda Shadow Warriors. Esto da pie a una historia de venganza que lleva a los hermanos Lee a recorrer nueve niveles llenos de enemigos, trampas con saltos complicadísimos (no era su fuerte) y jefes finales. Aunque la narrativa es sencilla y se cuenta mediante escenas estáticas entre niveles (al estilo de Ninja Gaiden), logra darle un toque épico al juego.


Lo primero que destaca al jugarlo es su sistema de combate. A diferencia del primer y limitado
Double Dragon para
NES, aquí tienes acceso desde el principio a todo el repertorio de movimientos especiales: el
Cyclone Spin Kick (una patada giratoria devastadora), el
Hyper Uppercut (un gancho ascendente brutal) y el
Flying Knee Kick (un rodillazo aéreo que se siente increíblemente satisfactorio). Estos movimientos no solo son útiles para eliminar enemigos más rápido, sino que también añaden una capa estratégica al combate. Sin embargo, el control puede resultar confuso al principio debido a su sistema direccional: un botón ataca hacia la izquierda y otro hacia la derecha, independientemente de hacia dónde estés mirando. Igual es complicado de explicar en palabras, pero cuando lo pruebas más o menos lo entiendes. Eso sí, requiere algo de práctica para dominarlo, pero una vez que te acostumbras, se convierte en parte del encanto del juego.

El diseño de niveles también merece una mención especial. Cada uno tiene su propia temática y desafíos únicos: desde un helicóptero en movimiento donde debes evitar ser succionado por las puertas abiertas hasta una base submarina llena de trampas mortales. Estos escenarios no solo añaden variedad visual y jugable, sino que también elevan la dificultad del juego. Y hablando de dificultad... Double Dragon II no se anda con rodeos. Aunque los combates son desafiantes por sí solos, los segmentos de plataformas (los complicadísimos saltos que comentaba antes) son los verdaderos rompe-controles. Saltar entre plataformas con precisión casi milimétrica mientras esquivas enemigos puede ser frustrante hasta decir basta, pero también añade un nivel extra de satisfacción cuando lo consigues.

Gráficamente, el juego está muy bien logrado para los estándares de la
NES. Los
sprites son grandes y detallados, las animaciones son fluidas (dentro de lo posible) y, como comentaba en el párrafo anterior, cada nivel tiene su propia personalidad visual. Eso sí, como era habitual en la consola, solo puedes enfrentarte a dos enemigos a la vez en pantalla... y siempre son del mismo tipo. Esto puede restarle algo de dinamismo a los combates más avanzados, pero en general no afecta demasiado la experiencia. La música es otro punto fuerte del juego; desde el tema principal hasta las melodías que acompañan cada nivel, la banda sonora logra mantenerte inmerso en la acción mientras repartes golpes a diestro y siniestro. Es ese tipo de música que se queda contigo mucho después de haber apagado la consola.
Pero lo que realmente hace especial a Double Dragon II es su modo cooperativo. Jugar con un amigo transforma el juego por completo: ya no estás solo enfrentándote a hordas interminables de enemigos; ahora puedes coordinar ataques (o simplemente reírte cuando accidentalmente golpeas a tu compañero si juegas en el modo B). Este modo multijugador fue una mejora significativa respecto al primer Double Dragon para NES y es probablemente una de las razones por las que este título sigue siendo tan recordado.

Sin embargo, no todo es perfecto. Además del mencionado sistema direccional y los frustrantes segmentos de plataformas, hay que hablar del final del juego... o, mejor dicho, de los finales. Para ver el verdadero desenlace, es necesario completar la aventura en la dificultad más alta (Supreme Master), lo que supone un desafío hercúleo incluso para jugadores experimentados. Si bien esto añade rejugabilidad, también puede resultar frustrante para quienes solo quieren disfrutar del juego sin preocuparse por ajustar opciones o superar pruebas excesivamente exigentes.
Curiosidades:
- El juego incluye un sistema de depuración oculto que permite a los desarrolladores realizar acciones como caminar libremente por los niveles (Free Walk) o matar enemigos instantáneamente. Esto se activa modificando un bit específico en la memoria del juego (ubicado en la dirección $FFF6).
- La dificultad del juego varía entre las versiones japonesa y occidental. En Japón, los niveles más fáciles eliminan trampas, como plataformas desapareciendo o picos voladores.

En aquella época, nunca logré terminar el juego por mi cuenta. No recuerdo si en compañía lo conseguí, pero en solitario definitivamente no. Pasaron muchos años hasta que, gracias a su reedición en la
Microsoft Store, volví a hacerme con él, esta vez para
Xbox Series. Con paciencia, finalmente logré completarlo en
Supreme Master, sacándome así la espina clavada desde mi infancia. Y no fue hace tanto tiempo, a principios del año pasado. Tiempo después, quise sumarlo a mi colección en otro formato y terminé comprando la recopilación
Double Dragon & Kunio-kun Retro Brawler Bundle de
Limited Run, que publicaron para
Nintendo Switch. Esta edición es una de las pocas formas de conseguir el juego en físico, aparte de su formato retro original. Aunque jugarlo en hardware clásico siempre tiene su encanto (y sus limitaciones), estas versiones actualizadas permiten revivir la experiencia sin preocuparse por cartuchos defectuosos, mandos desgastados o el temido parpadeo de pantalla al encender una consola antigua.
Double Dragon II: The Revenge es mucho más que un simple beat 'em up; es un testimonio del ingenio y creatividad necesarios para adaptar una experiencia arcade a una consola doméstica con éxito. Puede que tenga sus defectos (y vaya si los tiene), pero sigue siendo uno de esos juegos que encapsulan perfectamente lo mejor de su época: acción frenética, multijugador cooperativo y una dificultad muy ajustada que te mantiene enganchado hasta el final... o hasta que decides lanzar el mando por la ventana tras fallar otro salto imposible.
0 comentarios:
Publicar un comentario