Lo curioso es que este juego no nació directamente en GameCube. El primer Animal Crossing fue desarrollado para Nintendo 64 y lanzado solo en Japón en 2001, bajo el título Dōbutsu no Mori.
Como requería una batería de guardado especial y además usaba características del periférico 64DD (que fracasó), Nintendo lo relanzó en GameCube con mejoras gráficas, más contenido y soporte completo para la consola. Esa versión, Dōbutsu no Mori+, fue la que se adaptó al español con un trabajo de localización impresionante que rediseñó eventos, festividades y hasta el humor para que conectara con el público occidental. Curiosamente, esa misma versión localizada se volvió a lanzar otra vez en Japón como Dōbutsu no Mori e+; cerrando así el círculo.
Curiosidades:
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Usaba 57 de los 59 bloques de la tarjeta, así que Nintendo incluyó una con el juego. Si querías tener un segundo pueblo o intercambiar cosas con otros jugadores, necesitabas otra.
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Animal Crossing fue concebido por Katsuya Eguchi, quien se inspiró en su experiencia personal de mudarse a una nueva ciudad y sentirse solo. Quería recrear la sensación de comenzar de nuevo en un lugar desconocido y la importancia de las relaciones humanas.
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El nombre del mapache que nos introduce al mundo de Animal Crossing proviene de la combinación de "tanuki", una criatura mitológica japonesa similar a un mapache, y la palabra inglesa "nook", que significa rincón o esquina.
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Los personajes del juego se comunican en un lenguaje ficticio conocido como "Animalés". Este idioma se creó utilizando fonemas reales que fueron acelerados y modificados en tono para simular una conversación, dando la impresión de que los personajes realmente hablaban.
No todos entendieron Animal Crossing en su momento. ¿Un juego donde el objetivo es… no tener objetivo? ¿Dónde lo más emocionante es atrapar un pez raro o decorar tu casa con muebles que parecen salidos de una feria de segunda mano? Pero para los que conectamos con él, se volvió una rutina emocional. Una segunda casa. Un lugar al que siempre podías volver, incluso si hacía meses que no lo visitabas. Y eso, en una época donde todo parecía ir cada vez más rápido, tenía algo de mágico. Porque no todos los juegos tienen que ser adrenalina y victorias; a veces basta con que te den un rincón para respirar, escuchar una canción suave y ver caer la nieve pixelada sobre tu casa en miniatura.


























